Isabel I, Reina de mi Almohada
Francamente, no entiendo aquellos que creen que Dios no existe.
O sea, Dios, como Dios, el Karma, Jehová, Buda, El Gran Spaghetti y sus divinas Albóndigas... de verdad. ¿Como puede ser que todavía haya gente que realmente dude de la existencia de un poder superior?
Yo queria un perro. Un perro grande. Macho. Un pastór aleman, o un gran danés. Uno de esos perrotes/camellos con el que salir a correr todas las noches y que se coma de desayuno a los chihuahas y esos estúpidos caniche-toy (o lo que son aun peores, los micro-mini-toy) con los que andan esa gente imbécil que entiende que un perro es un peluche que ladra.
Yo quería un perro lobo irlandés, un dogo argentino o un pastor ruso.
Uno de esos perros que, para ser perros, tienen que llegarte a la altura de la cadera.
Dios... o el gran Spaghetti y su apendice Tallarinesco decidieron joderme y mandarme todo lo contrario.
Una gata. Hembra. Minúscula.
Isabel I, es mi gata.
Bueno... no, eso esta mal. Reformulo: yo soy la humana de Isabel I.
Y reformulo bien porque todo aquel que tenga gatos sabe que uno no tiene un gato sino que el gato lo tiene a uno.
El que haya dicho que la esclavitud ya no existe mas, es porque seguramente tendra un perro. O un hámster. Sin duda no tiene un gato. Iluso. Ingenuo.
Yo quería un perro. Dios me mandó una Reina.
Yo quería un perro. Buda me hizo esclava.
Yo quería un perro. Jehova me dijo "Y al sexto día alimentarás al gato y olvídate de descansar el séptimo, ese día le rascarás detrás de las orejas"
Yo quería un perro. El universo dijo "1001 formas de joderte: He aquí tu nueva gata"
Mi gata se llama Isabel I. Y el nombre le va como anillo a la pata. Ella es dueña y señora de mi habitación. Del sillón. De mi laptop. Incluso de mi almohada. Anoche descubrí su modus operandi. Cuando me voy a dormir, sube a mi cabecera para que la acaricie. Y pobre de mí si no lo hago. Es capaz de sentarse en mi cara con tal de que la acaricie. Es una reina. A la reinas se la obedece. Quizá en su gatuno entender no tendra la mas remota idea de quien fue Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda, hija de Ana Bolena y Enrique VIII, pero si yo no acomodo en un angulo imposible mi mano para acariciarla... pobre de mí. Así que así estoy. En duermevela, casi cayendo en los brazos de morfeo y con una parte de mi cerebro, perfectamente entrenada por mi gata (de eso estoy segura) que sabe que tiene que mover la mano para que Isabel siga cómodamente apoyada en mi almohada recibiendo mis mimos. Pero Isabel es lista. Es gata, viene con su carácter. Isabel sabe que yo terminaré por dormirme y empezaré a moverme. Y empezaré a dar vueltas en la cama hasta encontrar el lugar mas cómodo. Y ella espera. Porque ella es paciente. Es lista. Sabe que apenas me de vuelta boca abajo y encaje mi mano (que ya no es mía sino obviamente suya) bajo la almohada y me estire en la cama, ella, en su altivo paso dará un par de vueltitas y se acomodará exactamente en el medio de mis piernas. Con la cabeza apoyada en una y las patas en la otra. Y el valle que se forme en la cama se convertirá en su trono.
Y me encarcelará en una posición absoluta y firme durante toda la noche. Porque resulta que yo, dormida, me muevo. Pero no cuando esta ella. Y esto lo descubrí hoy a la mañana. Adolorida, contracturada y molesta, al darme cuenta que me despertaba el tibio peso de mi gata que atrapaba mis piernas y me miraba como diciendo: "que? Me agradeces por haberte velado el sueño verdad? Aliméntame ahora, esclava, ya que me has despertado".
Y me descubro yo, entonces, haciendo dormida lo que jamás haria despierta. Porque Isabel sabe que por mas reina que sea, algunas discusiones de la casa las gano yo. Probablemente no porque la naturaleza me haya dado un coeficiente mas elevado o pulgares oponibles sino porque ella permite que yo gane. Anoche descubrí que, dormida, en vez de moverme como dios manda, es decir, darse vuelta y mover las piernas porque uno esta en SU cama y hace lo que UNO quiere, resulta que yo doblo mis rodillas hasta el pecho y vuelvo a acomodarme a su alrededor, tratando de no molestarla, procurando que siempre tenga un lugar (o una pierna) donde ella pueda acomodarse y, sobre todo moviendo mi cuerpo con tal que ese metro cuadrado que ocupa en mi cama no se vea mancillado por mi humana y plebeya actitud.
Isabel ha entrenado mi inconciente. Por cada noche desde que nos conocimos, ha estado amaestrándome.
Así como yo le he enseñado a no subirse a la mesa ni tocar la comida para humanos, a no pasear por la baranda de mi balcón ni destrozar las macetas, así como entendió que la tierra de las plantas de mi padre no es su caja de arena y que si uno esta leyendo sentarse arriba del libro esta MAL, así como ella entiende cuando uno la llama y acude, así como si yo le digo "Isabel, quedate ahí" ella lo hace... Así como yo creía que tenia control de mi gata, al parecer la cosa fue de ida y de vuelta.
Porque si antes sabía que cuando se me sube encima y me toca con sus patitas la cara es porque quiere comida, o cuando me maulla y va hacia mi habitación es porque quiere que le abra las puertas de mi ropero para que ella pueda dormir entre mis swéteres de invierno, o cuando se tira arriba de mi computadora es porque quiere mimos, ahora tambien sé que no ha sido ella sola la unica que aprendió algo en estos años.
Isabel tambien me ha enseñado a mí. Isabel tambien me ha entrenado.
Mi gata podrá tener una placa en su cuello con su nombre y mi teléfono y esperar en la puerta cuando llego de trabajar, pero que no le quede duda a nadie: Yo me atreví a ponerle un cascabel al gato.
Pero en esta casa, el ratón soy yo.






mayye dijo
Ivy:
"... todo aquel que tenga gatos sabe que uno no tiene un gato sino que el gato lo tiene a uno."
Verdad más grande que la Catedral de Nuestra Señora!
Sin contar con que a veces nuestros gatos son más guardianes que los perros, que nos conocen tanto y nos entrenaron tan bien que hasta saben mirarnos con regia altivez y darnos la espalda si ven que no respondemos como se espera... Hasta saben si "esa" llamada telefónica nos dejó con ánimos para mimos o para ronroneos y muestras de afecto...
Solo quien tiene gatos entiende lo que es la esclavitud voluntaria...
Mi Odiseo sería el perfecto consorte de tu Isabel I, si no estuviera perdido por cuanta Circe se le cruza y huyendo de las redes de Penélope (que no es broma así se llama la gatita de una de mis primas...)
GRACIAS POR ESTE POST! Sabes bien por qué es tan cercano a mis sentimientos...
Hace frío... ¿Qué tomamos para combatirlo?
Cariños!!!
17 Mayo 2009 | 03:48 AM